Empresa

Tener una idea no es tener un producto

A finales del siglo XX tuvo lugar un fuerte desarrollo tecnológico en áreas como comunicaciones, microelectrónica, biotecnología, nanotecnología, ciencias de la información y del conocimiento, sensórica o microfluídica entre otras, que emergen con fuerza al iniciar el nuevo siglo. En especial, la nanotecnología se prevé motor industrial del siglo XXI. Estamos pues en un momento histórico en el que la industria y sus productos están cambiando.

Junto con Internet y la telefonía móvil, estas tecnologías inician un cambio de paradigma que apunta hacia una nueva generación de emprendedores capaces de poner en marcha ideas completamente innovadoras creando empresas de base tecnológica.

Cuando surgen, muchas ideas no están listas para convertirse en productos comerciales. Para conseguirlo han de recorrer un largo camino. Ingeniería, diseño industrial, moldes, cálculo de costes, fabricación, embalajes, transportes, certificaciones o gestión de la calidad son entre otras, cuestiones previas necesarias para que una idea pueda convertirse en un producto listo para poner en el mercado.

Por otro lado las empresas tradicionales estarán fuertemente condicionadas por las nuevas tecnologías, tanto que las que no sepan detectar a tiempo sus efectos pueden ser barridas del mercado. Pongamos como ejemplo el efecto que los ordenadores personales tuvieron en las máquinas de escribir o el que la fotografía digital ha tenido en la película fotográfica.

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